lunes, 18 de marzo de 2013

Miedo. Vaya sentimiento más raro, ¿no? Todo el mundo siente miedo, desde los más pequeños hasta los ancinitos. Todos los miedos son diferentes, nadie siente dos miedos iguales. Es como el amor. Nadie ama con la misma intensidad que otra persona, todos los amores son diferentes y especiales. Y yo, soy una persona de extremos, cuando vivo algo lo vivo al límite o si no, no lo vivo, y como tal, soy extremadamente miedosa, pero extremadamente amorosa también. Yo tengo una cantidad de miedos incalculables. ¿Y qué? ¿Acaso eso es malo? ¿Qué es un miedo sino metas para superarse a uno mismo?
El mayor miedo y el mayor amor que yo ahora mismo siento es por mi tía. Para muchos no será comprensible este tipo de amor, al final y al cabo una tía no suele cumplir el mismo papel de importancia como unos padres o unos abuelos, ¿no?. En mi caso es todo lo contrario, mi tía es... una mujer de los pies a la cabeza, admirable como ninguna, con la verdad y la lucha como bandera  que jamás se ha rendido, y ahora se da cuenta de que su lucha, por más dura que sea, no le está dando los resultados esperados. ¿Y qué pasa? ¿Qué se supone que se ha de hacer cuando te das cuenta de que todos tus esfuerzos no sirven para una puta mierda? Cuando sabes que estás a un paso se perder todo lo que tu más quieres, cuando eres consciente de que te apagas poco a poco. ¿Qué se supone que tenemos que hacer? ¿Esperar? ¿A qué? ¿Qué cojones tiene que hacer una persona que lleva meses encerrada en una habitación de mierda sabiendo que la vida se le escapa? ¿Que hacemos con este miedo que sentimos? ¿Aprendemos a vivir con él, lo superamos, intentamos olvidarle...? ¿Y con el amor? ¿Que pasa con el amor una vez que esa persona ya no está? ¿Se deja de sentir?
Nacemos y morimos. Pensamos que durante el camino nos nos puede suceder nada malo. Que los accidentes de coche solo pasan en las películas y que lo atentados ocurren en otras ciudades, en las nuestras no. A mi no me puede pasar nada
Pensamos que somos inmunes al dolor y al sufrimiento. Vemos cada día el telediario. Niños muriéndose de hambre mientras nosotros nos quejamos por que la paella que tenemos para comer no nos gusta. Criticamos a todas aquellas mujeres que ven Sálvame sin darnos cuenta de que ya quisieran otras mujeres perder el tiempo cotilleando sobre la vida de Belén Esteban en lugar de tener que ocupar su tiempo en buscar comida y agua para sus pequeños.

Pero eh, que cada uno tiene sus problemas, a mi no me rayes con los tuyos. Bastante tengo yo con saber que me caen tres, como para preocuparme de que ahí fuera hayan personas a punto de morir.  

El gran problema de esta mierda de sociedad. Los asuntos nuestros siempre serán los más importantes, ¿verdad?, ¿Por qué me tengo yo que preocupar por ti?. Humanidad, señores. 
La Real Academia Española define Humanidad como : "5. f. Sensibilidad, compasión de las desgracias de nuestros semejantes."  Sensibilidad, que gran palabra, ¿verdad? Ser sensible. ¿Cuántas veces habremos escuchado a alguien decir "no eres sensible"? o al contrario, ¿cuántas veces nos han dicho "eres demasiado sensible"? ¿Nos hemos parado a pensar que quiere decir esa palabra? ¿Qué significa ser sensible? La Real Academia Española define Sensibilidad como: "2. f. Propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura"
Una vez que hemos comprendido qué quiere decir ser humano y ser sensible, ¿creéis que todos nos podemos calificar como "humanos" o como "seres sensibles"? Pienso que la respuesta es clara y concisa: No
Nosotros somos seres vivos, animales o personas, como queramos etiquetarnos, pero no por ser persona somos necesariamente humanos o sensibles. Ahora mismo conozco muy pocas personas que realmente tengan ambas cualidades y a la única que conozco le queda poco para seguir estando a mi lado. 


En esta lado hay mas de lo que uno quiere, y aun así parece no ser suficiente. Nos matamos por tener lo que no necesitamos y engañamos, nos mentimos y estafamos y nos quejamos y hablamos de justicia y otra vida se disipa por no tener comida.
Juan Miguel Flores Martín 

domingo, 17 de marzo de 2013

Mi tía tiene cáncer y se va a morir. Y eso es así. Ahora mismo siento ganas de matar a todo el mundo, empezando por el médico que fue incapaz de detectárselo a tiempo y terminando en todos aquellos que se piensan que su vida es lo peor por no tener el último Iphone 5.

Me angustia pasar las tardes en el hospital, pero a la vez me ayuda a cambiar mi forma de pensar y de ver el mundo. Hasta hace escasos meses, quizás como mucho un año, yo era una de esas de las que se quejan por todo, de las que lloraban cuando no podía tener los pantalones que yo quería o de las que hablaban mal de sus padres por no dejarme hacer lo que yo quería. Sí, era una de esas de las que ahora me provocan tanto desprecio. Y no me daba cuenta de que siempre he tenido todo lo que yo he querido. He tenido unos padres asombrosos y un hermano que me da la vida. Jamás me ha faltado atención, ni comprensión por parte de ellos, han echo grandes sacrificios para que yo pueda ser y tener lo que yo quisiese, y yo jamás había tenido eso en cuenta hasta ahora, hasta que llega un momento en el que la vida te pide que te relajes, que no eres el centro del mundo, que los problemas son más graves, que tu vida no se puede resumir en usar una talla 36 o 42 de pantalón,  en sacar u 5 o un 9 en un examen. 
Ahora mismo, quizás la vida o quizás el destino ha querido mostrarme la cara B de este mundo. La cara que se esconde en los hospitales. 
Cuando salgo a andar con mi tía, andamos por diferentes plantas, y me doy cuenta de que hay lugares donde los niños no han tenido una infancia con juguetes o con videoconsolas, sino que han crecido con goteros, con sondas y con cáncer, y que duermen junto a la muerte, no junto a su peluche.  Me doy cuenta, de que también hay lugares donde los ancianos son olvidados, donde a veces parecen ser una carga incluso para las enfermeras y en pocas ocasiones se reconoce la lucha que llevan a cabo a pesar de su larga edad. Que hay lugares donde los  mujeres y hombres esperan ansiosos a que sus parejas, hijos o padres salgan de esa maldita habitación llamada "quirofano" y de que el médico de turno les apacigüe su dolor con cuatro simples palabras. Todo a salido bien. Esas palabras que yo todavía no he escuchado, ni creo que las escuche. 
Luego salgo del hospital y me encuentro con personas que hacen más caso a sus móviles que a sus amigos, personas que lloran por que no les funciona el whatsapp, personas que te hablan con desprecio por que han sacado un 6 en un examen y personas que se crean sus propias desgracias. Y yo, parezco inmune a ese tipo de dolor, pero no logro entender como alguien es capaz de odiar su vida por no tener una Reflex o por que tiene que estudiar un montón para ese examen de FilosofíaOjala que todos los problemas fuesen así, ¿no?. Cambiaría cualquier enfermedad por tener que estudiarme toda la filosofía Kantiana. Y estoy segura de que mi tía también. 
No espero cambiar vuestra forma de ver la vida, por que esto no os la va a cambiar. Yo he leído muchos libros que hablan de estos temas, desde "Esto no es justo", hasta "El mundo amarillo", pasando por "Diario de una batalla". He visto series como "Pulseras Rojas" y películas como "La Cuarta Planta", pero nada es comparable con lo que realmente se sufre. Ningún libro es capaz de relatar lo que de verdad ocurre en esos pasillos tan largos y silenciosos, y ninguna película es capaz de mostrar el verdadero dolor del enfermo y de sus familiares. 

Da igual todo lo que hayas dicho, oído, amado, odiado o gritado. Da igual por que, cuanto todo yace marchito, cuando todo parece arañar su final, tan solo querrás seguir oyendo, odiando, amando o gritando todo aquello con tanta fuerza que parecerá que hay cosas en este mundo que jamás de los jamases encontrarán la paz
Juanpa G. Bizarre